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Piensan los hijos en sus padres?

Hace unos cuantos años, sobre el 1 de Enero del 2010, publiqué una entrada que era una reflexión hacia nuestros progenitores. Creo que es aplicable a cualquier época, por eso la vuelvo a publicar en este blog, en la fecha actual.

 A lo largo de nuestras vidas se suceden una serie de acontecimientos que nos van marcando el futuro de nuestra forma de proceder ante hechos inesperados o que en el fondo no quisiéramos que pasasen nunca.

Una de las cosas que más nos pueden afectar es el darse cuenta que, de repente, tus padres se han hecho muy mayores.

Resulta que tus padres tienen más de 70 años. Están bien de salud pero … seguro que tienen alguna carencia de la cual no nos enteramos ….. o no nos queremos enterar ….

 Empieza entonces una etapa de tu vida en la que nunca te habías parado a pensar que existiese o que pudiera llegar a existir, es la dependencia de tus padres hacia nosotros los hijos.

 Siempre había sido al revés, nosotros les hemos pedido ayuda innumerables veces por todo y para todo, siempre ha sido muy fácil decir “se lo digo a mis padres que ellos sabrán qué hacer”…., siempre hemos contado con ellos para que nos solucionaran nuestro “problemas” y la verdad es que siempre los hemos tenido A NUESTRO LADO.

 Ahora cambian los papeles, ellos son los que necesitan de nosotros, pero no nos lo dicen, no nos lo piden,   no quieren molestarnos. Ahora, que ya sabemos ir solos por la vida, ellos no quieren interrumpir nuestra andadura, tan aparentemente segura.

 Es cuando entonces habría que despertar y darse cuenta de que nuestros padres nos necesitan. No hace falta de que nos pidan nada, se lo tendríamos que dar nosotros, aunque sea a cambio de perder unas pocas horas de nuestra vida “tan intensa” y tan egoisticamente individualista que llevamos.

 Claro que todo tiene sus honrosas excepciones, afortunadamente, pero la verdad es que tengo la sensación de que, durante muchos años  no hacemos lo que se tendría que hacer por ellos: Más hacerles compañía, preocuparnos por averiguar sus problemas, sus vivencias diarias, sin que ellos nos digan nada, qué es lo que les falta, en la casa, en sus vidas diarias, en fin, pensar en sus posibles carencias del “día a día”.

 En algún momento de nuestras vidas, desde luego cuanto antes mejor, deberíamos pensar más en nuestros padres y en qué pudieran necesitar.  Los disfrutaríamos mucho más y aprenderíamos mejor que los valores morales son más importantes que los valores materiales.

Pero,……. la realidad, generalmente, es otra…….

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