Este relato lo escribió mi padre en agosto de 1997 y lo publicó en su web en en septiembre del 2009.
UN DIA DE AGOSTO EN PLAYA «FANALS»
(by Tomás Rodríguez Muñoz)
EL MAR
Que bonito es contemplar el mar desde la playa o desde la montaña, o de la terraza de un apartamento de la costa brava o de cualquier otro lugar del mediterráneo, un lugar en el que estés seguro, sin temor de que una ola te pueda arrastrar y llevarte con él y devorarte o destrozarte de un zarpazo, esas olas a veces tan suaves, mansas, que te acarician con suavidad, olas que se descomponen en un momento con furia como si las estuvieran hostigando y como te descuides estás perdido.
En pleno verano, cuando la gente está tomando el sol, tostándose en la playa unos, otros bañándose en sus aguas, otros intentando pescar cerca de las rocas, aquel otro en el patín navegando placenteramente por sobre de sus olas, aquel meciéndose sobre una colchoneta hinchable de plástico o de lona, los niños en la orilla chapoteando las olas mansas , olas que borran las huellas que dejan sus pies en la arena, esas olas suaves, muy suaves en aquel momento, suaves y lentas como si ellas también quisieran disfrutar de aquel día espléndido del mes de agosto, eso es muy bonito, si, es muy bonito contemplarlo, pero cuando te sumerjes en sus aguas y vas nadando refrescándote del calor, gozando de la caricia que dan las olas suaves y, nadas y nadas, te vas alejando de la orilla y de repente ese mar que te convidaba a zambullirte se vuelve díscolo, como si alguien le hubiera molestado y empiezan a danzar las olas más aprisa, más altas y furiosas sin descanso una y otra vez, una desaparece y se alza otra más furiosa; cuando reaccionas delante del peligro que se acerca, nadas hacia la orilla, huyes se puede decir de ellas, antes que te atrapen y te engullan, pero son más rápidas que tú y te alcanzan, las esquivas dándote un impulso y pasas por encima de ellas y sigues nadando con más fuerza,…ves la orilla cerca pero no haces pie todavía y das otra brazada y otra y otra, notas el cansancio que se va apoderando de tus brazos de tus piernas vuelves a probar otra vez a ver si tocas el fondo y todavía no,.. sigues braceando cada vez con más desaliento, como puedes, sacas fuerzas de donde no las hay y tienes miedo, piensas en una tabla, o en un tronco, en un neumático de los de plástico que llevan los niños que no saben nadar !.., puedes gritar pero esperas un poco más…! pruebas poniéndote de pie, para ver si ahora tocas fondo y,,,,ya, parece que sí que ya estás a salvo, has tocado el fondo con los pies y esto te da una tranquilidad, te da ánimos para, con un poco más de esfuerzo, salir del agua.
A trompicones salgo del agua y una ola me sigue pero ya estoy a salvo, ya no me alcanza, qué respiro, qué descanso, qué alivio, qué seguridad, poder pisar la arena de la playa que hacía un rato había dejado para zambullirme en ese mar que hacía un momento me hubiera tragado sin dejar rastro y que invitaba a entrar en él, acariciando tu cuerpo y refrescándolo, aliviándote del sol que tostaba los cuerpos expuestos a sus rayos implacables, ardientes como lenguas de fuego.
Ya ha pasado el mal momento y me retiro hacia tierra más firme, el mar sigue con su ir y venir de olas, cada vez más grandes más rápidas más rugientes más encrespadas parecían rabiosas como si se le hubiera escapado la presa que esperaba tragarse; en su constante ir y venir se alargaban, se estiraban lamiendo la arena de la playa dejando una señal de espuma y borrando la señal que había hecho la última ola y llegaba otra ola y, esta se estiraba más que las otras, con el deseo de borrar la señal de la anterior como si de una competición se tratara y así sucesivamente, incansable sin respiro una y otra ola, cada vez se alargaban más por la arena haciendo un barrido sobre todo lo que hubieran dejado los bañistas en su alejamiento de la playa o como si quisiera llegar a algún lugar prohibido para esas olas olas ambiciosas que parecía que tenían vida.
A lo lejos se veía algo flotar, algo oscuro y alargado, desaparecía un momento y volvía a aparecer, poco a poco se acercaba a la orilla, el sol desapareció, el cielo se volvió gris, la gente que hacía un momento, se estaba tostando, tomando sus rayos solares poniéndose morenos, se habían retirado recogiendo sus artículos playeros y se alejaron de las cercanías del mar y se quedaron mirando el espectáculo que este mar nos ofrecía; a nuestros ojos apareció otra vez aquel ¿algo? oscuro y alargado que todavía no se podía apreciar que era,.. mira, parece una piragüa,..no, no, es un tronco,.., volvió a desaparecer para aparecer de nuevo, elevándose sobre el mar como si volara, desapareció de nuevo y volvió a aparecer, esta vez lanzado sobre la arena por una ola más brava que las demás, en esta arena en la que un momento antes la gente estaba tomando el sol.
Lo que el mar lanzó sobre la arena de la playa, era el tronco de un árbol de grandes dimensiones,…., parecía como si se hubiera arrepentido de soltarlo, porque inmediatamente otra vez lo atrapó y lo volvió a arrastrar para engullirlo,… fue un constante forcejeo entre las olas, una lo dejaba, otra se lo llevaba ,..yo espectador como los demás, pensaba si en lugar del tronco hubiera podido ser yo, pues hacía un momento estaba luchando por salir del agua.
Como en un momento se alborotó el mar, en otro momento se calmó, pero el susto que me llevé no se me olvida y actualmente cuando estoy en la playa, recuerdo ese día y cuando me baño en el mar, no me alejó de la orilla por..!! temor?! quien sabe, quizás.
