Esta historia la escribió mi padre en el 2011.

EL BASTÓN

(by Tomás Rodríguez Muñoz)

  

El bastón nos ayuda a caminar a los que ya somos mayores, bueno, es una ayuda, en realidad el bastón es para el anciano, la herramienta de su movilidad, al alargarse la edad de vida.

Este año 2011, se ha visto un incremento de este utensilio,  parece que esté  de moda  ir con bastón,  como yo no salgo mucho del barrio  y voy con bastón, se me ocurre que debe ser para decir a todos los que nos encontramos en el camino, que ya hemos llegado a la edad en la que necesitamos ayuda para movernos y que miren de no tropezar con nosotros porque seguro que nos caemos, ya no aguantamos el encontronazo, como cuando uno era joven.

 Es cierto lo que dicen de que los años no perdonan, ahora que me ha tocado a mí, lo veo bien claro  hay mucha gente mayor,  bueno, somos mucha gente  que pasamos de los ochenta y algunos llegamos a los noventa, que lo tenemos que usar.

Antes de que me operaran, cuando yo me movía con soltura y paseaba por el barrio, cuando veía un anciano con muletas o con bastón, al cual se le notaba la dificultad de desplazarse, mi  pensamiento era,  que si yo llegaba a ese punto, no valía la pena seguir viviendo, he llegado a ese punto y aunque sigo pensando lo mismo, el cuerpo se aferra a la vida  y veo que lo que pensaba entonces no es así, hay que seguir con la suerte que te haya tocado.

 Bastones hay de muchas formas, si nos vamos a una tienda, o entramos en internet veremos que, hay de muchos materiales, antes eran de madera, ahora ya no se de que son, pues con los adelantos que hay se pueden ver hasta de caña,  el bastón clásico el que se usa por los pueblos, son de madera, es el clásico con el mango curvado, de los que los pastores usaban o usan, los pastores los hacían con una rama y el curvado  se lo daban al fuego  son los más prácticos, porque se pueden colgar en el brazo cuando estás en  un banco de una plaza sentado, sobre todo los llevan los ganaderos para encarrilar al ganado para llevarlo todo junto sin que se esparrame.

En los pueblos los usan más que en la ciudad, pero por motivos de trabajo, en la ciudad se usan, para equilibrar el cuerpo que ya cuesta tener derecho, con el bastón lo enderezas y al llegar a un cruce de calles, te apoyas en el mientras el semáforo está en rojo, o cuando estás cansado y quieres hacer un alto en el paseo cotidiano que  has de hacer, si quieres seguir  viviendo aunque sea con bastón.

Yo no sé, si los que ya somos mayores, tenemos todos las ganas de hablar con los otros que llevan bastón, el caso es que me he dado cuenta que los que somos del barrio, que el que más o menos se conoce, aunque no hayas hablado ni tenido una conversación en el tiempo que lo has visto o lo llevas viendo, ahora de mayor, cuando los años han pasado, parece que nos entren las ganas de decirnos algo, o de  saludarnos.

 Esto que digo es lo que pienso y parece que los hechos me dan la razón, hoy sábado doce de noviembre, hemos salido a comprar al “Consum” un supermercado de los que hay varios en el barrio, de regreso a casa por la calle Provenza, en la acera que era de los bomberos, vemos que llega a nuestra altura, una señora con un carrito de compras, ella lo empujaba por delante de ella y al mismo tiempo le servía de apoyo para desplazarse, sin el esfuerzo de hacerlo si no lo hubiera llevado, por lo que pude observar, la mujer tenía problemas al andar, pero con el punto de apoyo del carrito de compras iba la mar de bien, por lo visto estaba enfadada pues se dirigió a nosotros y soltó el motivo, en la plaza del “Ninot” ( el mercado) de allí venia, un señor le había dicho que todos los carritos los debían de quemar, por lo que parece tropezó con el suyo y le salió esa frase, la mujer se enfadó y salió del mercado refunfuñando hasta que con nosotros se atrevió a desahogarse, yo pienso que fue porque yo también  voy con bastón para ayudarme a andar.

Yo le hablé del barrio, de lo majo que es, ella me dijo que estaba cuarenta años en la calle de Urgel por el ciento ochenta, yo le comenté que esto era por donde estaba la cooperativa, me lo confirmó pero que ahora estaba un poco más abajo, pasada la calle de Mallorca, seguimos un rato caminando por la misma acera supuesto que nosotros íbamos para nuestra casa, cruzamos la calle de Villarroel y ella siguió con nosotros hasta la puerta de casa, yo le dije que como es que seguía  por la calle de Provenza y no seguía por Villarroel hacia la calle de Mallorca, porque acortaba camino, su contestación fue que una vez estaba en Provenza-Urgel todo era más cómodo pues hasta su casa era cuesta abajo y la acera de la calle Conde de  Urgel  era muy ancha.

Nos habló de María Rosa, otra vecina del barrio que también se vale del carrito de llevar la compra para desplazarse,  así fue como la mujer se quedó tranquila al poder comentar lo sucedido en el mercado y al mismo tiempo hablar entre vecinos de muchos años. 

María Rosa es también vecina del barrio, quizás de las más antiguas al menos que yo conozca, esta María Rosa, había tenido una vaquería en el chaflán de Provenza –Villarroel, lado mar, la vaquería estaba en los bajos de un edificio de pisos, que fue derribado para construir una casa para los bomberos, supongo que los propietarios decidieron vender toda la finca y los vecinos que comprábamos la leche en esa vaquería nos quedamos sin leche, también había una farmacia y también nos quedamos sin farmacia, fue por poco tiempo, pues este barrio al tener la plaza, cerca , el negocio que se ponga da para seguir viviendo, y por lo visto la farmacia ya tenía local buscado y la abrieron enseguida y la vaquería desapareció pero pusieron pronto una granja unos metros más abajo, estoy hablando de un tiempo feliz, donde los domingos se iba a comprar la nata en las lecherías o granjas y te la daban envuelta en un papel de seda, bueno no era de seda era un papel que aguantaba muy bien la nata, te daba tiempo de llegar a casa ponerla en el plato y ponerle azúcar y si ya tenias el cruasán, desayunabas la mar de bien y también se podía comer con el pan, eran tiempos de los años treinta y tantos que son los que yo recuerdo.